Colombia

Para huir de Venezuela tuvo que pagar $ 200 en alcabalas militares

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Huir de Venezuela era una necesidad más fuerte que el riesgo de contraer COVID-19, el costo de burlar las prohibiciones de tránsito y el peligro de atravesar pasos ilegales. Una ansiada reunificación familiar en Chile impulsó a esta abogada venezolana a realizar una travesía de 17 días junto con sus dos hijos menores de edad

Reporte Especial Proiuris

Anggy Polanco

Ilustraciones: Jesús Diez

Antes de que sobreviniera la pandemia por la COVID-19, Liliana (*) comenzó a planificar el viaje desde Coro hasta Santiago de Chile. Cuando el cierre de fronteras y sedes diplomáticas parecían obstáculos insalvables, esta abogada venezolana ideó un plan B para lograr la reunificación de su familia.

La profesional del Derecho conocía muy bien los trámites legales que debía realizar para migrar. En septiembre de 2019 formalizó la solicitud de Visa de Responsabilidad Democrática ante el Consulado de Chile en Colombia.

A pesar de las dificultades, obtuvo toda la documentación requerida: pasaportes, apostillas y antecedentes penales. Con desesperación, Liliana contaba los días: los días de demora en la respuesta a su solicitud de visa y los días de separación de su esposo y padre de sus dos hijos, quien se había adelantado a Chile en 2018.

Proiuris acompaña a Liliana desde tres meses antes de que emprendiera la travesía. “¿Cuánto más voy a esperar? La situación cada vez empeora y yo sigo aquí. No puedo más amiga. No voy a seguir esperando. Yo siento que le estoy dando largas a este asunto, pero igual me va tocar irme”, comentó el 19 de abril.

Diez días después estaba aún más decidida. “Ya mi esposo ha contactado a algunas personas, entre ellas las que me puedasn ayudar a pasar hacia Arica, en Chile. 

El plan B era consistía en tomar todas las previsiones para sortear las prohibiciones de circulación por la pandemia y partir desde Churuguara el 15 de mayo. Tenía la esperanza de que para esa fecha los gobiernos de Venezuela y de América Latina en general comenzaran a flexibilizar la cuarentena.

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El paso por las trochas para huir de Venezuela fue el Plan B de la abogada venezolana / Ilustración: Jesús Diez

Se planteó ahorrar la mayor cantidad de dinero posible para costear los traslados en vehículos particulares (a falta de transporte público) y, eventualmente, los pagos que exigen los grupos de delincuencia organizada que controlan los pasos fronterizos ilegales. “Si abren me voy por Cúcuta, ilegal. Estoy pensando en esa posibilidad”, decía Liliana.

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El 28 de mayo, comentó que viajaría en compañía de otros dos adultos que también iban a Chile. Ahora, la salida sería en los primeros días de junio.

 “Hice todo lo que estuvo en mis manos para vivir dignamente en mi país. Soy abogada, peroejercer libremente la profesión en Venezuela no es posible. Da pena que otros te digan lo que tienes que hacer. Yo no me gradué para trabajar de esa manera”, razonaba Liliana.

“Me voy por los niños también, aquí la situación les afecta psicológicamente a ellos. Deseo que mi esposo esté con nosotros, él allá tiene un trabajo estable. Vamos con fe en Dios. Solo le pido a Dios que me permita llegar a mi destino”, reiteraba.

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Bitácora de migración desde Falcón a Chile / Infografía: Carlos Gutiérrez

El 17 de junio Liliana aún no había logrado huir de Venezuela: “Las fronteras no van abrir, no consigo a nadie que me lleve  de Falcón a Barquisimeto. La situación está empeorando en todos los países. Colombia, Ecuador y Chile prorrogaron la cuarentena hasta por 90 días más. Tres meses más es demasiado. Seguro en agosto dicen tres meses más y llegamos hasta el año que viene”.

Sin embargo, la decisión de huir estaba tomada y era irreversible: “Voy con alcohol, agua oxigenada, medicinas , tapabocas, guantes, un sinfín de cosas y con solo dos bolsitos para poderlos cargar y poder tener a mis dos hijos agarrados de las manos”.

Pero el peligro aumentaba. La tercera semana de junio se enteró de tiroteos entre bandas rivales y detenciones en las trochas de la frontera colombo-venezolana.

El escollo más caro

El 2 de julio se restablece la comunicación telefónica entre Liliana y Proiuris. La mujer había logrado huir de Venezuela. Esta vez el tono de voz era diferente: “Madre, ya estoy en Cúcuta. Voy a embarcarme a Bogotá”

Relató que el 30 de junio salió de Coro, pero solo pudo avanzar hasta Churuguara porque no consiguió un vehículo particular que la trasladara a Barquisimeto. El 1° de julio llegó hasta Carora y allí se encontró con una amiga que también iba rumbo a Chile. Ese mismo día, en Trujillo, se sumó un tercer adulto con el mismo destino.

Lo más difícil sería el tránsito por Táchira para huir de Venezuela. Las alcabalas militares impedían la circulación, pero rápidamente Liliana y sus acompañantes verificarían que los militares estaban dispuestos a dejarlos pasar a cambio de unos cuantos dólares.

“Pagando y pagando llegamos a San Cristóbal. De ahí pasamos a San Antonio. Llegamos a Peracal y nos obligaron a permanecer una hora dentro del destacamento de la Guardia Nacional. Me quisieron poner la piedra. Me bajé con 20 dólares por cada uno de mis hijos y yo”, recuerda con cierta indignación.

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Desde Coro a San Cristóbal gastó 300 dólares: 100 dólares en movilización y 200 dólares en pago de coimas en las alcabalas militares en Táchira.

Atravesaron la frontera colombo venezolana a través de una trocha. Pagaron 10 mil pesos por persona a los que se ofrecen para guiar el camino a pie durante aproximadamente una hora.

“Justo cuando estábamos saltando unos alambres de púa, fueron avistados por funcionarios de la policía de Colombia que estaban persiguiendo a un grupo de hombres que transitaban por esa trocha. Fue un momento horrible”, recuerda.

La abogada tenía preparado los argumentos jurídicos que esgrimiría ante la policía colombiana: el derecho a la vida, el interés superior del niño, el principio de no devolución de migrantes y refugiados, la reunificación familiar….

Superado el percance, llegaron a Cúcuta, donde Liliana gestionó un salvoconducto para continuar su tránsito hasta Bogotá en servicios privados de transporte. El 3 de julio ya estaba en la capital neogranadina. Ese día se enteró de que habían aprobada su solicitud de visa para ingresar a Chile. Huir de Venezuela era una primera victoria y el camino se iba allanando…

La segunda y tercera trocha

En un servicio privado atravesó una trocha vial desde Ipiales a Tulcan. Del lado colombiano los recogió una mujer joven que se dedica a cruzar las trochas en carro hasta Huaquillas, Ecuador. Desde allí, Liliana continuó su viaje a la frontera Ecuador-Perú.

En el trayecto vio el contrabando en las trochas. En ese momento se aferró a Dios y a sus abuelos. El 6 de julio Liliana se reporta en Ecuador.

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La familia venezolana cruzó trochas para avanzar hacia Perú y Chile /Ilustración: Jesús Diez

A los dos días siguientes lograron llegar a Perú. Envía fotos mostrando los rasguños de sus brazos y los de su amiga, sufridos en el paso por una trocha en el sector Carpitas que demoró dos horas por el sector Carpitas. En varias oportunidades tuvieron que correr para no ser advertidas por la policía peruana.

“¡Ah mundo! Los niños corrieron muchísimo. La policía peruana trata muy mal a los venezolanos. Supimos de casos de migrantes a los que les querían sembrar drogas. Nuestros derechos aquí no funcionan. Pienso que ya pasé lo peor”, escribe desde Tumbes, Perú.

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Proseguía el trecho Tumbes-Lima-Tacna. “La de Tacna es la peor, pero los chilenos no son como los peruanos”, dice la mujer y recuerda que en la última trocha dejaron ropa botada para aliviar la carga.

El domingo 12 de julio, Liliana ya se encontraba en Lima. Aguardaba en un hotel que el 15 de julio en Perú habilitaran transporte público.

“Nos fuimos de Tumbes a Lima en una tractomula que transportaba madera. El chofer se venía durmiendo.  Teníamos nerviosismo por el Covid aquí” reporta la migrante venezolana.

“Tengo 530 días sin ver a mi esposo”, expresaba 17 días después de haber salido de Venezuela. El objetivo seguía siendo el mismo: reunificar a su familiar. “Los niños se están cansando y se imaginan que están en el programa de televisión ‘Supervivencia al desnudo’. Quieren ver a su papá”, dice por WhatsApp.

Capturados por los carabineros

El 15 de julio, Liliana continuó su marcha. Desde Lima viajó en transporte público a Tacna. Allí pagó 130 dólares a un hombre que los guiaría por una trocha. A 22 minutos de haber comenzado a caminar la trocha sola con sus dos hijos y su amiga, fue capturada por los carabineros de Chile.

Eran las 9:00 pm del 17 de julio. Ese día cumplió años el hijo menor de Liliana. “Los trocheros  -así llama Liliana a los hombres que guían el tránsito por los pasos fronterizos ilegales- te ponen dicen que las distancias son cortas, pero cuando emprendes el camino a pie se hacen interminables”.

Al ingresar a Chile por un paso fronterizo ilegal, Liliana y sus hijos fueron detenidos por la policía/Ilustración Jesús Diez

“Desde donde estaba –cuenta la mujer- yo veía el aeropuerto, y ahí tenía que llegar, pero la tierra no ayudaba. Era tierra como de playa, fue horrible. La policía chilena detuvo a mis amigos y después me alumbraron a mí. Me dijeron que me parara y levanté las manos”, narró la migrante.

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“El trato fue muy bueno: preservaron la vida de los niños, el derecho a la familia. Nos llevaron hasta el puesto de control de la frontera, en Arica. Luego nos llevaron a un hospital, donde me revisaron mí y a los niños. Me llevaron a firmar documentos en la comisaría y luego a la Policía de Investigaciones de Chile (PDI). Si deseo quedarme, apelo a las decisiones que ellos tomen. Tengo tres meses para conseguir trabajo. Yo estoy ilegal, pero los niños pueden tener más opciones de regularizar su situación migratoria”, contó Liliana, convencida de que ya había superado los mayores obstáculos.  

Ella alegó la reunificación familiar para huir de Venezuela. Sin embargo, las autoridades chilenas cuestionaron su ingreso ilegal. Preliminarmente, formuló dos argumentos: el sistema migratorio de Chile es muy lento y  el deterioro de la calidad de vida en Venezuela es muy rápido.

Liliana y sus dos hijos están en Chile. 17 días después habían logrado huir de Venezuela. Aunque están libres de COVID-19, tendrían que guardar cuarentena en un hotel. Esta abogada venezolana y sus hijos siguen descontando días para el reencuentro familiar.

(*) Liliana es un nombre ficticio para proteger la integridad de la protagonista de esta historia y de su familia.

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