Colombia

El retorno a Venezuela de una caminante con 8 meses de embarazo

Retorno a Venezuela

Una familia oriunda de Barinas decidió optar por el retorno a Venezuela a pie, luego de perder sus empleos en Perú por la pandemia de la COVID-19. Alejandra, de 21 años de edad, agradece a Dios que su tercer hijo no naciera a orilla de carretera

Reporte Especial Proiuris

Jackelin Díaz

Decidió retornar a Venezuela a pie, como lo hizo cuando huyó del país. Pero ahora la pandemia por la COVID-19 tornaba más peligroso el camino y, además, tenía ocho meses de embarazo. Fue una travesía de más de 3.000 kilómetros que demoró 33 días.

Los calambres en las piernas la obligaban a interrumpir la marcha de retorno a Venezuela, cada vez más seguido. Y con cada descanso a orilla de carretera, la legión de caminantes venezolanos a la que se había sumado también tomaba una pausa. 

Migrantes venezolanos
Alejandra y José empiezan el trayecto desde Lima hasta la frontera para llegar a Ecuador | Foto: Grupo de caminantes sin fronteras

Alejandra Cardozo, de 21 años de edad, emigró a Perú en agosto del 2018, como muchos venezolanos y venezolanas que cruzan fronteras en busca de mejores condiciones de vida. Vivía en Barinas y lo que ganaba como buhonera ya no le permitía ni siquiera comer, por lo cual decidió aventurarse con su esposo José Delgado, de 25 años de edad,  un hijo recién nacido y otro de tres años. 

Pero el surgimiento del nuevo coronavirus causó una crisis similar a la que los expulsó de Venezuela. En Lima, la familia sobrevivía con el trabajo de José Medina como mototaxi, un oficio tan precario que se desvaneció en medio del confinamiento y los toques de queda decretados por el gobierno peruano a causa de la COVID-19.

A esto se le sumó el riesgo a ser desalojados. La dueña de la vivienda  donde residía les advirtió que, con pandemia o sin pandemia, debían pagar la mensualidad sin retraso; una exigencia que la familia no pudo cumplir al quedarse sin dinero. Tuvieron que emprender el retorno a Venezuela  el 7 de mayo.

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José cuenta que cuando iniciaron el viaje de retorno a Venezuela imaginaron que podían lograr algunas colas para aligerar la caminata, pero no fue así. Las autopistas y carreteras se encontraban desoladas y los pocos vehículos que transitaban continuaban su camino. La solidaridad también escaseaba. 

Alejandra no podía cargar maletas. Prioritariamente, debía cuidar del bebé que crecía en su vientre y de los dos hijos que, con apenas  5 y 2 años de edad, también se habían convertido en caminantes.  Los niños imaginaban que se trataba de un viaje a un lugar donde papá y mamá recuperarían el trabajo que habían perdido hace unos meses.

“Nos vinimos de mochileros y salíamos a caminar desde la madrugada. Teníamos que caminar largas distancias porque no había autobuses y muchas personas no nos querían dar la cola”, dice José.

Para aligerar el peso de las maletas las acomodaban dentro de los coches de bebés, los mismos que utilizaron cuando escaparon de la emergencia humanitaria compleja en Venezuela. José, Alejandra, dos hijos y uno por venir revivían el sacrificio de huir con un destino incierto. Son conscientes de la situación que deben afrontar a su regreso a Barinas, donde ni siquiera la comida está garantizada. 

Migrantes venezlanos
El grupo de 22 caminantes venezolanos recorrió la carretera panamericana para llegar a Tulcán, frontera entre Perú y Ecuador | Foto: Grupo de caminantes sin fronteras

El retorno a Venezuela estuvo signado por el frío que congelaba las manos de los hijos y el dolor (aunque no físico, quizás mayor) de sus padres. Dormían a las orillas de las carreteras, a veces entre matorrales o en estaciones de servicio en Perú. 

En Ecuador, Alejandra comenzó a sentir dolores en su vientre que dificultaron aún más el rumbo y llegó un momento en que no podía caminar. José consiguió un teléfono prestado para llamar alertar a los servicios médicos, quienes enviaron una ambulancia cerca del poblado peruano de Cuenca, en la carretera panamericana. 

Los médicos sabían que Alejandra era caminante, pero le recomendaron que guardara reposo para evitar un parto prematuro. Sin embargo, José y Alejandra no tenían dónde refugiarse. La decisión fue difícil, pero finalmente optaron por continuar caminando hasta llegar a Colombia.

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“En Ecuador muchas personas nos ayudaron. Conseguimos que nos  dieran una cola y comida por los niños y para mi esposa. En el camino supimos que una mujer embarazada estaba muy mal porque empezó a presentar pérdida del líquido amniótico  . Nos asustamos”, comentó José.  

El 1 de junio la familia llegó a Tulcán, un pueblo que se encuentra a siete kilómetros de la frontera entre Ecuador y Colombia. Era de noche y no había refugio donde quedarse. Por ello, los migrantes decidieron establecerse a las afueras del poblado “para no incomodar”. 

Sin embargo, relató José, los habitantes alertaron a la policía. “Se burlaban de nosotros. No les importó que en el grupo estuvieran niños pequeños”. Además, estaba comenzando a lloviznar cuando nos corrieron del sitio”, agregó José. La orden de las autoridades era que el grupo caminara, sin importar que cayera la noche, hasta Rumichaca.

Migrantes venezolanos
Alejandra y José tuvieron que dormir en estaciones de servicio al no conseguir donde donde pasar las noches | Foto: Grupo de caminantes sin fronteras

Al llegar al límite fronterizo entre ambos países la única manera de poder cruzar hacia Colombia era a través de trochas. Era un ambiente desolador: riscos, barrancos y, para colmo, un copioso aguacero.

Alejandra fue la primera en avanzar en la cuesta y llegar a territorio colombiano. La seguía José con sus dos hijos en brazos. Tuvo que subir y  bajar varias veces del barranco, para arrear con las maletas que llevaban. José recuerda por un momento pensó que se caería. Una de las maletas se salió del coche y quedó cerca de un risco. Se devolvió, pero un mal movimiento hizo que se tambaleara. Finalmente, la recuperó. Era la maleta de la ropa de los niños, no podía dejarla atrás.

La caminata de retorno a Venezuela se prolongó 5 días y 21 horas más hasta llegar a Armenia, en Colombia. En el trayecto su único guía fue el GPS de un teléfono que les indicaba la ruta y constantemente le recordaba las horas restantes. El punto rojo de llegada se ubicaba en Medellín. En ese lugar tenían amigos que los esperaban. Sería alló donde Alejandra daría a luz para luego continuar hacia Venezuela.

Retorno a Venezuela

El 9 de junio llegaron a Medellín y se alojaron en un refugio. Era la primera vez que el grupo de migrantes descansó, era la primera vez que almorzaban y cenaban un mismo día, era la primera vez  que se podían duchar con más comodidad. 

Los dos niños no llorarían más por cansancio o por hambre. Estaban a salvo y, según Alejandra Dios dispuso que su tercer hijo no llegara al mundo antes de tiempo. “Yo siento que él no quería que mi niño naciera en una carretera. Quería que naciera sano y salvo”, expresa con agradecimiento. 

El bebé nació el 15 de junio, a las 8:16 de la mañana. Lo llamaron Mathías.

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Mathias nació en un hospital de Medellín | Foto: Alejandra Cardozo

De nuevo al punto de partida 

“Nuestro plan era regresar al país en el menor tiempo posible, pero hemos visto los reportes de la situación en la frontera. Hay mucha gente varada en Cúcuta y no queremos pasar por eso. Además, corremos el riesgo de infectarnos de COVID-19. Estamos pidiéndole a Dios que esta pandemia pase rápido”, respondió José Delgado al consultarle sobre su retorno a la nación.

Las autoridades en Venezuela limitaron el ingreso de venezolanos retornados al país debido al incremento de número de contagios  “importados”, según el énfasis que ponen las autoridades venezolanas. Esto ha provocado que algunos connacionales pernocten en las noches en algunas zonas fronterizas a la espera de una mejor oportunidad de cruzar hacia territorio nacional.

Retorno a Venezuela
El grupo de migrantes tenía que llevar su ropa y pertenencias en coches para bebés | Foto: Grupo de caminantes sin fronteras

Pero cruzar solo es el primer paso. En Venezuela, los que ingresan al país deben cumplir un confinamiento de 15 días en Puestos de  Atención Social Integral (PASI), que suman 73 en todo el país.  Varios de los que han pasado por estos refugios y cuyos testimonios han sido recabados por Proiuris, denuncian condiciones de insalubridad e incluso maltratos.

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La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), precisó que Colombia es el país con más acogida de migrantes venezolanos en América Latina con 1,3 millones de venezolanos y venezolanas. Al 19 de mayo de 2020, de acuerdo con registros de Migración Colombia, 45 mil ciudadanos han retornado procedentes del continente. De estas cifras, 1,3 % dieron positivo a la COVID-19.

Venezolanos como José y Alejandra decidieron regresar al país aún teniendo en cuenta la emergencia humanitaria compleja que persiste y se ha profundizado por la pandemia. Añoran regresar a Barinas, y que Mathias conozca a sus abuelos. Pero también son conscientes de que regresan al punto de partida: a un país y a una ciudad donde no están garantizados los más elementales derechos humanos.

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