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7% de los niños y niñas en zonas pobres sufren desnutrición

Expertos en materia de nutrición coincidieron en los programas gubernamentales en materia de alimentación colapsaron. Los Comités Locales de Alimentación y Producción (Clap) no son suficientes para satisfacer las necesidades nutricionales de las familias venezolanas y los más afectados son los niños, niñas y adolescentes
Reporte Proiuris
Erick S. González Caldea

La desnutrición severa en niños y niñas es una cruda realidad en Venezuela. Expertos en la materia destacan que la emergencia humanitaria compleja y las fallas estructurales del Programa de Alimentación Escolar causarán una generación de venezolanos marcada por el hambre.

Maritza Landaeta, médico nutrióloga, explicó que la desnutrición en el país no solo se ha acelerado, también ha aumentado la severidad en los casos registrados. “La situación se ha recrudecido. Realmente se están muriendo cada vez más niños menores de dos años por falta de alimentos”, alertó.

Landaeta, una de las voceras de la Fundación Bengoa, detalló que 7% de los niños y niñas que viven en zonas pobres de Venezuela padecen de desnutrición aguda, severa o moderada. Además, entre 20% y 30% se detectó desnutrición crónica, según los estudios realizados por la referida fundación.

“La situación en las comunidades pobres del país se ha complicado, porque cada vez están más expuestos, en especial los niños y niñas en edad escolar. Muchos presentan retardo de crecimiento debido a que no consumen las suficientes calorías al día. Además, no solo se les está violando el derecho a la alimentación, sino también a la educación”, enfatizó.

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Las fallas en el Programa de Alimentación Escolar (PAE) también se convierten en agravantes de la desnutrición de los niños y niñas en edad escolar, cuyos padres cuentan con el programa para sortear los escollos que tienen en sus casas con los alimentos. “Muchos niños no van a las escuelas porque no tienen fuerza para hacerlo y a otros no los mandan porque el PAE no está funcionando”, aseveró Landaeta.

El hambre no da cabida para los estudios y de acuerdo con un análisis realizado por Fe y Alegría en cuanto al año escolar 2018-2019, que abarcó una muestra de 30 mil niños y niñas entre 3 y 5 años de edad y alumnos entre 5 y 15 años, un total de 3.549 presentan desnutrición aguda moderada. El estudio se realizó en 176 escuelas de Lara, Carabobo, Miranda y Falcón.

“Los niños y niñas con hambre no pueden aprender… La mayoría de las escuelas de las zonas vulnerables y rurales necesitan que el PAE funcione correctamente, porque las familias no tienen acceso a todos los alimentos requeridos. Si los niños y niñas recibieran en las escuelas al menos 30% de las calorías diarias, podría representar una diferencia; pero, lamentablemente, ese programa está cada vez peor”, señaló.

Hambre en los hospitales

Las arepas viudas y el arroz solo son los únicos alimentos que ofrece el hospital José Manuel de los Ríos a los niños, niñas y adolescentes que permanecen recluidos en las instalaciones.

Huníades Urbina, médico del hospital JM de los Ríos, explicó que actualmente 42% de los niños, niñas y adolescentes que son tratados en la institución presentan riesgo de sufrir algún tipo de desnutrición.

“Casi la mitad de los pacientes del JM de los Ríos tiene algún tipo de grado de desnutrición, que no solo afecta el peso y la talla, sino también el raciocinio y el crecimiento. Esto vulnera sus posibilidades de desarrollar aptitudes. Esto va más allá de las sanciones, es que el gobierno no atiende esta emergencia”, aseguró.

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Explicó que para el cierre de 2019 se ha visto un colapso en el sistema de nutrición nacional. “Lo más grave es que no hay cifras oficiales. Si no es por el compromiso de la gente de Cania y Cáritas, no tendríamos la menor idea de cuántos niños y niñas sufren por desnutrición”, explicó.

Desde 2007 el Sistema de Vigilancia Alimentario y Nutricional (Sisvan), del Instituto Nacional de Nutrición, no ha publicado las cifras de desnutrición infantil en el país.

“Si bien hay programas como la caja Clap, estos alimentos no tienen los nutrientes necesarios y aportan muy pocas proteínas. La distribución no es continua y solo alcanza para una semana. Además, a pesar de que se percibe abastecimiento en los establecimientos de comida, la mayoría de los productos se adquiere con divisas y solo 20% de la población tiene acceso continuo a ellas. El problema radica en la falta de voluntad por parte del Estado”, concluyó.

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