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De San Antonio a Lima: contando los pasos de los que huyen de Venezuela

El ACNUR calcula que 4,6 millones de venezolanos han salido de su país en los últimos años. Daniel Jaimes es una de estas personas, pero su travesía fue voluntaria. Quiso documentar el éxodo a partir de su propia experiencia como “caminante”

Reporte Proiuris

 Alejandro Romero

Daniel Jaimes decidió vivir en carne propia las vicisitudes que afrontan los venezolanos que huyen de su país a causa de la emergencia humanitaria compleja.

Es criminalista de profesión, graduado en la Universidad de Los Andes. También tiene una especialización en Marketing Digital, pero preferiría que en su currículum destacara su habilidad para contar historias.

Hace cinco meses, decidió emprender un viaje para vivir y relatar el éxodo con sus propias palabras, a partir de sus emociones. Salió de Venezuela tal como se ve obligada a hacerlo la mayoría de los venezolanos: sin dinero, sin pasaporte y a pie.

El joven de 21 años de edad partió el 15 de abril de 2019 de Venezuela desde San Antonio del Táchira rumbo a Santiago de Chile. Eran 6.843,2 kilómetros de camino,  20 días de viaje. Tenía solo cinco dólares en su bolsillo.

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“Desde que comencé el viaje encontré a personas que me ayudaron a sustentarme económicamente. Comencé a pedir plata, a mendigar. En los momentos de más desesperación, siempre tenía algo que comer, siempre llegaba la comida”, comenzó a narrar.

Relató que el primer reto fue salir de Venezuela por una trocha, donde tuvo que pagar 3.000 pesos colombianos (0,86 centavos de dólar) a las personas que controlan este tipo de pasos fronterizos ilegales.

El oriundo del pueblo de Bailadores, estado Mérida, emprendió la travesía sin pasaporte, aun cuando posee el documento vigente. Su propósito era estar en las mismas condiciones de vulnerabilidad que la mayoría de los migrantes y refugiados venezolanos

“Salí solo con mi cédula de identidad. Requería vivir la experiencia tal como aquellos venezolanos a quienes les cercenan el derecho a la identidad, que no tienen pasaporte y salen con una cédula vencida”, señaló Jaimes, quien agregó que no pasó por inmigración al llegar a Colombia, porque salió de Venezuela de forma irregular.

Colombia

Jaimes contó que el 16 de abril, después de cruzar la frontera, llegó a un tramo conocido como “La Parada”, en Colombia, hasta llegar a un refugio. Allí presenció el trabajo de voluntarios que reparten más de 5.000 comidas al día, entre desayuno, almuerzo y cena, a los venezolanos que permanecen allí, algunos indefinidamente. “Incluso habían personas que solo atravesaban la frontera para poder recibir un plato de comida caliente en ese lugar, era muy fuerte”, recordó.

Al irse del refugio, Jaimes emprendió una caminata hasta Cúcuta y durante el trayecto corrió con la suerte de conocer a una persona que transportaba venezolanos en un camión hacia el centro de la ciudad.

En Cúcuta llegó a un lugar conocido como “El Aeropuerto”, donde hace vida una comunidad numerosa de venezolanos. Allí pernoctó en casa de una familia de venezolanos que conoció en el camino y que se encontraban en condiciones precarias. “Vendían periódicos en las esquinas para subsistir y vivían en una casa de bloques sin frisar. Sin embargo, luego de conversar con ellos me atendieron bien y me facilitaron comida para que pudiera seguir mi trayecto hasta mi próxima parada en Chinácota”, destacó.

Una vez en Chinácota, emprendería a Bogotá. Al salir de la ciudad, pudo alojarse en otro refugio, donde la Cruz Roja lo dotó de un bolso de tela que tenía unos kits con agua y comida para los refugiados.

“Es uno de los trayectos más difíciles para los migrantes y refugiados debido a las condiciones climáticas del Páramo de Berlín, donde la temperatura baja hasta los dos grados centígrados en las noches”, enfatizó.

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Llegó a Bogotá cinco días después de haber salido de  Cúcuta. En la capital colombiana visitó un sitio donde pudo entrevistar a varios venezolanos que viven bajo un puente. Mientras Jaimes realizaba las entrevistas, una familia de colombianos estacionó su carro en el lugar y repartieron “tamales” y chocolate caliente a los venezolanos en situación de calle.

“Fue bastante emotivo y rudo a la vez. Lloré mucho porque estaba comenzando mi viaje y ya había visto mucha miseria y tristeza”, señaló.

Jaimes siguió su ruta desde Bogotá hasta la ciudad de Pasto. Caminó durante dos días hasta que una gandola le aligeró el trayecto. Luego, logró recolectar alrededor de 60.000 pesos (17 dólares) que le permitieron tomar un bus hasta la ciudad de Rumichaca, en la frontera con Ecuador. Aquí Jaimes entró al país de forma regular solicitando el documento de la Carta Andina. Para entonces, a los venezolanos aún no se les exigía la visa humanitaria para acceder a Ecuador.

“Le pregunté al agente de Migración y me dijo que al día eran 2.000 personas las que solicitaban la Carta Andina., relató.

Ecuador

Llegó a Ecuador el 22 de abril. Lo primero que notó Jaimes al entrar a Ecuador fue cómo los agentes del Alto Comisionado Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) apoyaban a los venezolanos con comida y servicios básicos de salud en un campamento fronterizo. “Estuve un día observando cómo eran los procesos de ayuda a los refugiados. Entre las cosas que más me llamaron la atención fue la disposición de dos buses que partían desde la frontera hasta Perú, lo que le ahorraba un tramo importante a muchos caminantes”, detalló.

Jaimes aprovechó la oportunidad que brindaban estos buses para ir hasta Quito. Aquí también recibió dinero de personas que ayudaban a los migrantes y refugiados. Luego caminó hasta un poblado a las afueras de la capital donde logró conseguir transporte hasta la ciudad de Santa Rita de Babahoyo. Allí, por primera vez en su vida, Jaimes experimentó algo que nunca le había ocurrido en Venezuela: lo robaron.

“Me robaron el poco dinero que tenía y un reloj que me había regalado mi mamá por mi graduación, sin embargo, pude salvar mi celular”, señaló.

Jaimes quien había documentado toda su travesía a través de sus redes sociales, publicó lo acontecido. Fue gracias a eso que una amiga venezolana que conoció en Caracas lo contactó y le informó que ella ahora vivía cerca de Guayaquil .

“Pasé por su casa al día siguiente del robo y su familia me recibió, me brindaron la cena y me regalaron 50 dólares para que pudiera continuar mi camino, fueron muy generosos”, destacó.

Con este dinero, pudo dirigirse hasta el terminal de Guayaquil y comprar su boleto para Perú.

Jaimes considera que Ecuador es un destino que atrae a los venezolanos porque la economía está dolarizada y los servicios públicos son más baratos que en Colombia”. A pesar de esto, el robo lo hizo sentir vulnerable y decidió salir de Ecuador lo antes posible.

Jaimes llegó a la frontera con Perú en horas de la madrugada Tuvo que esperar que el ACNUR abriera sus oficinas al día siguiente para poder entrar al país. Para la fecha, las restricciones migratorias estaban siendo modificadas: no estaban emitiendo la Carta Andina a los venezolanos.

“Nos tocó dormir esa madrugada en la frontera para poder al día siguiente tramitar la carta de refugio que proporcionaba ACNUR, habían aproximadamente 1000 personas esperando para esto. Comenzamos la gestión en la mañana y terminamos en la tarde”, señaló.

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Jaimes resume su paso por Ecuador: “Cruzar ese país fue bastante complicado por el tema del dinero. Tuve que pedir para poder sustentarme. Después del robo estaba desesperado y tuve mucha suerte. Encontré apoyo económico para proseguir el viaje”.

Perú

Jaimes llegó a Perú, 15 días después de salir de Venezuela, el 30 de abril. Agarró “la cola” en una Van del ACNUR, que trasladaba a migrantes, desde Ecuador  hasta la ciudad peruana de Tumbes y luego hasta Piura. Siguió rumbo a Chiclayo donde contó con la ayuda de familiares y conocidos que le proveyeron de los medios para que pudiese llegar a Lima.

“Tuvimos que presentar las razones por las cuáles no podíamos llegar a nuestro destino, pasamos por una entrevista y luego nos dieron el visto bueno para poder montarnos en la van. Se veían muchas mujeres embarazadas y con niños pequeños”.

Jaimes llegó a la capital de Perú con poco más 20 soles en bolsillo. Esto, aunado a la imposición de visas democráticas, truncó sus planes de llegar a Chile, por lo que se vio obligado a radicarse en la capital peruana por un tiempo para poder sustentarse.

“Fueron dos semanas muy difíciles desde que llegué a Lima. No conseguía trabajo. Me tocó montarme en los autobuses para vender golosinas. Fue en pleno invierno y debo decir que me entristeció mucho verme en esa situación. Lo asumí con mucha valentía”, destacó.

En su opinión, Perú es una buena opción para los venezolanos que buscan trabajar. “El salario mínimo en relación con los gastos no es tan elevado como en Colombia. Es un país con estabilidad y crecimiento económico”, comentó.

Sin embargo, Jaimes no oliva los actos de xenofobia y situaciones de violencia contra los venezolanos en Perú durante los últimos meses. Relató que existen organismos de seguridad ciudadana que han agredido a hombres y mujeres de nacionalidad venezolana y que es un fenómeno que parece seguir aumentando.

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“Paredes rayadas con frases como ‘fuera venecos’ son comunes. Si vas a pedir trabajo te rechazan, si te oyen hablando como venezolano te miran mal. Por un lado Perú ofrece posibilidades económicas, pero también es un país con mucha xenofobia hacia los venezolanos”, declaró.

Lecciones

Si tuviera que dar recomendaciones a un venezolano dispuesto a migrar, Jaimes sugeriría estudiar las posibilidades de trabajo y estudio antes de salir del país. “En Perú hay jornadas de trabajo superiores a diez horas, nadie en Venezuela está acostumbrado a trabajar así. Es algo que hay que tomar en cuenta”, destaca Jaimes.

Sobre las situaciones de riesgo a las cuales pueden estar expuestos los migrantes y refugiados, señala que los grupos irregulares están presentes en todas las fronteras. Territorios y personas desconocidas implican altos riesgos, por lo cual considera que a veces todo se reduce a la suerte. Jaimes destaca que son las mujeres, adultos mayores, personas con discapacidad mental y niños, niñas y adolescentes los más propensos a sufrir percances en el viaje.

“Es digno de admirar cómo un venezolano que está fuera de su casa y en una situación de vulnerabilidad hace el esfuerzo de trabajar, de enviar dinero a sus familiares, de salir adelante a pesar de todos los riesgos a los que se expone”, concluyó.

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