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La situación de los educadores es “para ponerse a llorar”

Los docentes no pueden satisfacer sus necesidades básicas con el salario que ganan. Muchos  se ven obligados a incursionar en otras actividades para conseguir el sustento. Es  el caso de José Naranjo, quien después de 19 años desempeñándose como profesor ahora utiliza su vehículo como un “carro por puesto”
Reporte Proiuris
Alejandro Romero

“No vivía con lujos, pero al menos no tenía la preocupación de qué iba a comer al día siguiente”. Así se expresa José Naranjo, profesor del colegio Fe y Alegría ubicado en el barrio Unión de Petare. Su jornada laboral diaria se prolonga después de salir de las aulas. Usa su vehículo como un carro por puesto Debe “redondearse” porque el sueldo como docente no le alcanza para vivir. “Aquí nos podemos poner a llorar si hablamos de la situación que atraviesan los educadores. Es realmente triste”, agregó el docente

Naranjo es egresado del Instituto Pedagógico de Miranda, adscrito a la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL), y ha ejercido la docencia durante 19 años. Actualmente da clases en Fe y Alegría los martes y jueves, mientras que los lunes, miércoles y viernes se desempeña como director en otra institución, en Caucaguita.

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“Nunca me imaginé que tendría que hacer otra cosa para poder sobrevivir”, señaló el educador. Recuerda que cuando comenzó a ejercer la docencia, en 2003, su sueldo era poco pero le permitía continuar sus estudios.

José Naranjo tiene 11 años trabajando en el Fe y Alegría de Barrio Unión

“Antes de graduarme, yo trabajaba en un colegio de difícil acceso, en Caucaguita, del cual hoy soy director. Esto me permitía colaborar en mi casa y costear mi ropa. Con lo que gano hoy no puedo sustentar a mi familia, aun cuando tengo dos sueldos como profesor”, sostuvo.

Naranjo relató que una vez graduado pudo notar una mejoría en sus ingresos. En el lapso de un año compró una casa y un vehículo. “Mi vida para aquel entonces era muy buena. Incluso, me daba el gusto de  salir a comer  a la calle. Mi esfuerzo valía”, recalcó.

Perdió su primera vivienda por una estafa, pero pudo ahorrar para adquirir otra. También pudo costearse un postgrado.  “Hoy día la realidad de los docentes, mi realidad, es completamente diferente”, reiteró. 

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Naranjo afirmó que su estadía en el Fe y Alegría durante 11 años ha sido grata. Comentó que en el pasado renunció a una institución privada porque la oferta salarial del colegio ubicado en el barrio Unión era superior. Hace unos meses, ese mismo colegio le hizo una oferta en dólares que Fe y Alegría no puede igualar.

La ausencia de profesores ha afectado la calidad de las clases que se imparten en la institución 

“El pago en dólares es atractivo, pero mi hijo mayor estudia en el Fe y Alegría. Más allá de lo material que le pueda ofrecer, para mi es importante poder compartir con él. Me gusta pensar que como docente contribuyo a mejorar la calidad de educación que recibe mi hijo en el Fe y Alegría”, aseveró.

“Para mí no ha sido fácil. He tenido que trabajar hasta las 11 de la noche transportando gente en la comunidad. Subo a cuatro personas por viaje, a 1.000 bolívares el pasaje. De esta manera puedo completar para un kilo de queso o un kilo de café. Como docente gano 114.000 bolívares al mes, y solo en pasaje, gasto 10.000 bolívares por día”, precisó.

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Naranjo también ha incursionado en el comercio informal. A veces vende artículos usados en el mercado de los corotos en Palo Verde. “El fin pasado vendí unos zapaticos de mi hijo de un año, usados pero sin desgaste. Con eso compré jamón y queso”, dijo.

A pesar de las circunstancias, el profesor Naranjo se resiste a abandonar las aulas de clases:

“No me he unido al paro de profesores porque creo en el trabajo. El país sale adelante con el trabajo. Nosotros tenemos que ser el ejemplo, hoy más que nunca”.

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