Nacionales, Reportes

Ejecuciones extrajudiciales desestabilizan la vida de víctimas sobrevivientes

Los familiares de las personas presuntamente ejecutadas son propensas a no superar la etapa de duelo traumático, así lo señaló Mary Sánchez miembro de Psicólogos Sin Fronteras durante su ponencia en el foro “Ejecuciones extrajudiciales: La matanza como práctica de Estado”
 Reporte Proiuris
 Alejandro Romero

“Los asesinatos a manos de funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado marcan un antes y un después en la vida de las personas. Este trauma hace que las víctimas cambien su modo de vivir y todo su sistema de creencias”, advirtió la psicóloga Mary Sánchez, durante el foro organizado por la ONG Proiuris “Ejecuciones Extrajudiciales: La Matanza como Práctica de Estado”,  en el cual estuvieron presentes los familiares de víctimas de presuntas ejecuciones extrajudiciales, cometidas a manos de funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES).

Durante su intervención, Sánchez enfatizó que el trauma psicológico es un proceso que puede afectar el modo de vivir los familiares y recalcó que ellos también son víctimas. “‘Yo ya no soy yo’, es una de las expresiones que tienen las víctimas de estos tipos de operativos”, destacó

La psicóloga explicó que desde el momento en el que las personas reciben la noticia que un familiar fue asesinado a manos del Estado, comienza la primera de las cuatro etapas que modifican el modo de ser de las víctimas. “La primera fase es caracterizada por el estado de shock que afrontan. El proceso posterior a la fase de shock es la desorganización y se caracteriza por afectar el estado físico de las víctimas influyendo también en la cognición, la memoria y la actividad física”, explicó la psicóloga.

También puedes leer: «Luis Izquiel: El Estado debe admitir que las FAES operan como un grupo de exterminio»

Sánchez destacó que las dos primeras fases “son las más difíciles de superar y que muchas personas se quedan estancadas sin posibilidad progresar. La víctima, al nunca aceptar la situación por la cual está atravesando, se ve imposibilitada de ser funcional en todos los ámbitos de su vida”, señaló.

La psicóloga explicó que la tercera fase llega cuando las víctimas asumen la tarea de reconciliarse con el hecho de que su ser querido ya no se encuentra presente y empiezan a planificar su futuro sin el familiar asesinado.

Es en la cuarta fase en la que la víctima puede llegar a superar el trauma psicológico y reconciliarse consigo misma para seguir adelante. La psicóloga advierte que no todas las víctimas llegan a esta etapa.

Sánchez considera que drenar las emociones contribuye a procesar adecuadamente el duelo y que el apoyo de familiares y amigos puede ser útil. De esta manera se evita la autoagresión, que puede degenerar en la somatización que conduce a daños físicos, agregó.

“Algunos de estos síntomas pueden llegar a convertirse en crónicos. En este punto, la ayuda psicológica, y en algunos casos psiquiátrica, se vuelve imprescindible para garantizar la salud de las víctimas”, señaló.

Duelo traumático

“El elemento principal a destacar es que la persona no atraviesa un duelo normal, sino un duelo traumático”, aseveró Sánchez respecto al estado emocional que afrontan las víctimas sobrevivientes.

La psicóloga comenta que estos traumas surgen a raíz del hecho aversivo y que acompañan todo el proceso del duelo. En este sentido, el asesinato de un familiar a manos de funcionarios de los cuerpos de seguridad entes del Estado genera una reacción diferente a otro tipo de muertes traumáticas, como por ejemplo, un accidente de tránsito.

“En el caso de los accidentes de tránsito los familiares de la víctima tienden a atribuirlo la pérdida a fallas mecánicas, pero en los casos de asesinatos por parte del Estado se entiende que fue un acto premeditado y genera un trauma mayor”, destacó la psicóloga.

También puedes leer: «CIDH pide protección para familiares de Acosta Arévalo y Tamara Sujo»

La pérdida genera un sentimiento de culpa interno en las personas que sienten que pudieron evitar la ejecución, las frases “¿por qué no me di cuenta?”, “¿por qué no estuve ahí?”, son frecuentes en el vocabulario de las víctimas, de acuerdo con Sánchez.

El Estado como agente de terror

María Gil, madre de Leonidas Ordosgoiti, una de las víctimas sobrevivientes de los operativos de las FAES, relató durante el foro cómo su duelo la ha afectado física y psicológicamente. “Perdí diez kilos en los últimos meses a raíz del asesinato de mi hijo Junior.  En este país no existe la justicia, solo el terror de las FAES”, señaló.

María Gil comparte su testimonio como víctima sobreviviente

La madre expresó el desapego que tiene con las autoridades gubernamentales, así como con sus funcionarios de seguridad, a quienes calificó de asesinos e inhumanos. “Se llevaron la mitad de mi corazón, una parte de mí. Todos los días extraño a mi hijo, cómo pueden saldar una deuda así”, sostuvo.

Para la psicóloga Sánchez los familiares de las víctimas comienzan el proceso de duelo con un sentimiento de odio hacia la circunstancia que están afrontando y las coloca en un estado de vulnerabilidad.

“El hecho de que el organismo que debería protegerte sea el que te arrebata la vida, ocasiona un trauma superior. La rabia y la impotencia es más intensa cuando las víctimas sobrevivientes  en algún momento creyeron en las instituciones”, destacó Sánchez.

Otro de los factores que puede incrementar el trauma, indica la psicóloga, es que muchas de las personas tienden a creerse inmunes a los ataques de violencia y es la transgresión del sentimiento de inviolabilidad lo que crea una situación traumática que genera un cambio en su sistema de creencias.

También puedes leer: «FAES y Polisucre ejecutaron masacre de 7 personas en Petare»

Una de las consecuencias es que los individuos lleguen a aislarse al sentir mayor indefensión y eviten buscar la justicia al temer que el hecho punible pueda repetirse sobre otros familiares, o incluso, en ellos mismos.

De acuerdo con la psicóloga, a partir de este punto las personas empiezan a sentir inseguridad, angustia, desconfianza, aislamiento, sufrimiento y negación de lo sucedido.

“Hay personas que se esconden y otras que buscan afrontar directamente a la autoridad. En cualquiera de los dos casos, se pierde la autonomía”.

María Gil explicó que sigue el proceso penal de su hijo incansablemente: . “Yo quiero justicia pero la única forma de obtenerla es que primero se vaya este gobierno. Siento rabia. Quiero que los asesinos paguen por su crimen”.

 

 

 

Related Posts

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *