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Criados en la calle | La pugna entre niños, niñas y adolescentes y la policía

Los menores de edad denuncian excesos policiales y las autoridades responden  que son casos aislados. No hay capacidad institucional para atender integralmente a los menores de edad que corren peligro
Reporte Proiuris
Gabriela Henríquez

Desde una esquina oscura de la urbanización Las Mercedes, Jesús observa con curiosidad que  dos extraños conversan con su amigo Andrés. Al pasar unos minutos,  el niño de 12 años llama a los desconocidos ( “psss, psss”) y les indica que se acerquen a él. No demora en contar cómo es su vida en la calle.

Moreno, con olor a jabón azul, porta un mono de dudosa marca Adidas, una franela gris con estampados y un bolso beige al que se aferra. Llama a su hermano, quien se encontraba ocupado organizando los carros cerca de un puesto de perro calientes y este no responde. Explica que tanto él como sus hermanos – todos mayores que él- salen a diario a las calles para “colaborar en su casa”. Ahí vive con su madre y su padre, seis hermanos y tres sobrinas, a las que llama por sus nombres con una sonrisa en el rostro.

Jesús cuenta que desde los 8 años, cuando abandonó sus estudios, pide comida y dinero en las calles. Asegura que está esperando cumplir los 15 años para estudiar por parasistema.

«Allá… Ahí está mi hermano cuidando los carros»

Explica que su madre se beneficiaba de los bonos que el gobierno otorgaba; no obstante, explica que tiene un par de meses sin recibirlos y que su padre tiene una discapacidad en las manos que le impide trabajar.

Espontáneamente, comenta que todas las noches llega muy cansado a su casa ya que debe caminar 3 kilómetros desde Las Mercedes hasta su hogar en un barrio cercano a la urbanización Santa Fe. Admite que le teme a la noche ya que los policías o funcionarios de la Misión Negra Hipólita los pueden capturar a él y a sus hermanos.  “En Negra Hipólita no te dan comida, lo que te dan es palo”, comentó.

“Los policías nos lanzan al Guaire”

Pedro, al igual que otros muchachos y muchachas de la calle, debe andar con cautela. El adolescente de 17 años de edad asegura que tiene que pedir comida, al mismo tiempo que cuidarse las espaldas ya que los policías del municipio Baruta lo pueden atrapar y lanzar al río Guaire, la vía principal de desagüe de las aguas residuales de la ciudad. Esta misma denuncia la hicieron otros dos menores de edad que deambulan por Las Mercedes.

 “Cuando está crecido es arrecho, hay vainas ahí y uno se puede matar”, asevera. Pedro indica que “si corre con suerte”, los policías les quitan ropa y comida y se las arrojan al río. Luego muestra una herida que se hizo con una cabilla, en una de las tres oportunidades en las que funcionarios presuntamente lo han lanzado al caudal.

El adolescente porta una camiseta verde militar con unos pequeños agujeros, que no le ayuda a cubrirse del frío. Lleva un short, también deteriorado, y unos mocasines sucios que no se corresponden con el resto de su vestimenta. Comenta que es difícil conseguir ropa cuando se vive en las calles y pregunta “¿ustedes no tendrán un par de zapatos que me puedan regalar? Soy como talla 41”.

Los mocasines que un grupo de jóvenes que recorrían Las Mercedes en unos automóviles le obsequiaron a Pedro

Cuando tenía 16 años de edad, tomó la decisión de emprender un viaje desde los Valles del Tuy hacia Caracas. A veces visita a sus familiares en su pueblo natal, donde dejó a siete hermanos; dos niñas y cinco niños. Estos reencuentros están motivados por dos razones: para llevar comida al lugar que antes fue su hogar, y para cuidarse de las persecuciones policiales.

Pero los cuerpos policiales no son su único temor; también son los funcionarios de la Misión Negra Hipólita. Afirma que tiene amigos que han sido internados en centros de atención adscritos a este programa social, pero se han escapado ya que allí pasan más hambre que en las calles.

Pedro tiene un pasado con la policía. A mediados de agosto fue acusado de un hurto que presuntamente no cometió y fue internado en un centro de atención Ciudad Caracas. Allí le habrían rapado la cabeza y por ello tendría el cabello tan corto. Con la ayuda de su madre. Continúa, recuperó su libertad: “no tenían pruebas para asegurar que yo cometí un crimen”.

Sin embargo, a pesar de que su madre estuvo en un momento difícil para Pedro, él prefiere dormir con cuatro amigos en los alrededores de un restaurante de Las Mercedes, al lado de un tanque de agua.

“Casos aislados”

Al preguntar a Luis Sotillett, director del Instituto Autónomo Consejo Municipal de Derechos del Niño, Niña y Adolescente del Municipio Baruta, sobre los presuntos excesos policiales respondió que no los puede negar. “Se trata de casos aislados y, además, es un tema de orden público (…) Las confrontaciones suceden más que todo con el chamo que está en dependencia de la droga”, afirmó.

De la misma forma, el Comisionado José Maurera, Director de la Policía Comunitaria de Baruta y Coordinador de las mesas técnicas de seguridad del municipio, argumentó que es absolutamente falso que funcionarios policiales lancen a menores de edad al Río Guaire. “Ellos dicen eso como mecanismo de defensa, pero nosotros no hacemos eso porque significa poner nuestra carrera en riesgo, y además eso es algo que no está en nuestra formación profesional. (…) Por lo menos cuando ven a los de Negra Hipólita les lanzan piedras, pero yo no sé qué harán ellos”, apuntó.

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Explicó que casi todos los niños, niñas y adolescentes que están en situación de calle tienen la cultura del pran metida en la cabeza, que de las cárceles se trasladó a las calles, y que muchos son consumidores de drogas. Aseveró que dicha combinación se convierte en violencia y por esa razón atacan y roban en grupos.

Agregó que en todos los casos que involucran a menores de edad en situación de calle, los pequeños son manipulados por algún adulto que también vive en las calles y consume drogas. Aclaró que sabe que consumen estupefacientes por el aspecto físico y por el comportamiento.

Cuadernillo de la LOPNA que guardan en el Instituto Autónomo Consejo Municipal de Derechos del Niño, Niña y Adolescente del Municipio Baruta

“Lo más común que se consume en estos casos es el crippy. Los chamos se ven descompuestos, desmejorados y hablan incoherencias. Tienen los labios resecos, las uñas comidas por la ansiedad que les da y se ponen muy violentos. También esta droga les da mucha hambre y eso los altera”, explicó el comisionado.

Informó que la Policía Municipal de Baruta hace operativos “de profilaxia” o de captación de niños, niñas y adolescentes en situación de calle. “Los hacemos en la madrugada para poderlos controlar y dominar. De noche no hay un riesgo ni para ellos ni para nosotros. Un chamo drogado puede lanzarse de cualquier sitio, como pasó hace poco. Uno de ellos se lanzó y el policía se fue con él y se fracturó la mandíbula. También pasó hace poco que le fracturaron las rodillas a un maestro del Idenna. Eso te dice el nivel de agresividad que pueden tener”, relató el funcionario.

Finalmente, hizo énfasis en que las niñas y adolescentes en situación de calle no se veían hace un par de años, pero ahora sí. “Una cosa para resaltar  es que ellas son las que planifican y manipulan. El cebo para robar es la niña que se exhibe en un carrito, mientras que los otros varones van robando. En las noches ellas también andan por ahí y se van con cualquier hombre por comida o por dinero”, señaló el policía.

Limitaciones institucionales

La Comisionada Yumaira Noriega, Directora de la Unidad Especializada de Niños, Niñas y Adolescentes del Municipio Baruta, explicó que tienen  limitaciones institcuionales para atender a los menores de edad en situación de calle.

“Contamos la unidad de atención del Idenna (Instituto Autónomo Coinsejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes) en Los Chorros. Cuando llevamos a los niños y adolescentes allá nos encontramos con que el lugar no tiene la logística para atenderlos y por eso se escapan los chamos. Esa es una lucha constante que tenemos”, explicó.

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Agregó que la policía hace el procedimiento que les corresponde para atender a los menores de edad, pero admitió  que ese trabajo se desvanece. Explicó que cuando el Consejo de Protección dispone que los niños, niñas o adolescentes vuelvan a sus hogares, se encuentran con familias disfuncionales y rápidamente vuelven a las calles.

El Comisionado Maurera explica que deben asegurar a los niños, niñas y adolescentes en los vehículos policiales porque los menores de edad se pueden lanzar cuando están en movimiento

Ambos comisionados concordaron en que el Estado debe garantizar una estructura que garantice la protección de los niños, niñas y adolescentes, que incluya un equipo multidisciplinario con capacidad de atender las diversas necesidades de los muchachos y muchachas de la calle. “Eso existe en papel pero no se hace”, aseveraron.

En algunos casos se sienten de manos atadas: “La realidad de nosotros es de impotencia; ver a un niño a los 8 o- 10 años destruido y que no podamos hacer nada”.

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