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La tragedia de los niños desnutridos

Tres historias recabadas en el Hospital José Manuel de los Ríos muestran la profundización de la emergencia humanitaria compleja en Venezuela. La experta Maritza Landaeta,  explica que las fallas de  los servicios básicos, como el agua y el gas, aumentan los riesgos de muerte
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Erick S. González Caldea

La niña tiene un año de edad y pesa 6,700 kilogramos. No camina y cada vez que la levantan, sus brazos delgados dejan ver un avanzado estado de desnutrición. Los médicos aseguran que debería pesar más de 10 kilogramos.

Unas sábanas desteñidas visten la cuna donde reposa la niña, mientras juega con una muñeca que le regaló el Doctor Yaso. “¿Sabes?, agradezco la comida que me traen, pero eso no es suficiente alimento. Solo le están dando fórmula, por el cuadro diarreico que tiene”, dice la madre, Mileidy Saracual, quien lleva dos semanas internada en el Hospital José Manuel de los Ríos.

Saracual vive en el sector Las Tapias de Filas de Mariche, junto a su esposo y sus otros cuatro hijos: 9, 6 y 5 años, y la menor de tres meses de edad. Los padres están desempleados y el único ingreso de la familia proviene de laventa de cigarrillos en la puerta de su casa.

“Solo comemos arroz, caraotas, lentejas, pasta…puro grano. Se nos hace imposible comprar carne. Vivimos de la bolsa Clap, que nos dura, máximo, dos semanas”, explica la mujer.

Las consecuencias de la emergencia humanitaria compleja, que atraviesa el país, las viven directamente los niños, niñas y adolescentes en sus hogares | Foto: E.S.G

Maritza Landaeta, pediatra de la Fundación Bengoa, explicó que la inseguridad alimentaria que viven las familias venezolanas afecta mucho más a los niños, niñas y adolescentes.

“La situación alimentaria en el país es crítica, porque la disponibilidad económica de las familias más desfavorecidas les impide una alimentación adecuada a los más pequeños. Cada vez vemos más niños con desnutrición moderada, leve y severa”, señaló Landaeta.

La pediatra advierte que debido a la baja ingesta proteica muchos niños tienden a perder facultades motoras y mentales, como es el caso de la bebé de Saracual. “La inseguridad alimentaria puede engrosar las cifras de mortalidad infantil”, agregó.

Mileidys dice que en su casa apenas pueden sobrevivir. Tres de los niños comen en los planteles donde estudian, pero allí, asegura, solo les dan sopa, arroz, pasta y caraotas.

Sin servicios no hay alimentos

En una cuna sin vestir está el bebé de nueve meses de nacido. Su madre, Lismary Martínez, revela con pena su peso: 5,900 kg.

El niño tiene un cuadro de desnutrición leve y le restringieron algunos alimentos, como los lácteos. También tiene anemia. Su dieta es a base de sueros. Deben desparasitarlo mientras buscan una solución más integral a su enfermedad.

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“El 13 de septiembre los doctores me dijeron que mi hijo no estaba bien. Creo que lo veía venir;  sentía que estaba muy delgado, a  pesar de todo el esfuerzo que hago para alimentarlo, a él y a mis otros hijos”, explica la madre.

Arroz con lentejas o con caraotas, pasta, algo de queso, arepas, patas de pollo, sardinas, son los alimentos que se consumen en su casa. Ella come poco para que sus hijos puedan alimentarse mejor. Esa es la estrategia que ha practicado junto a su esposo para paliar el hambre de sus pequeños. “Cada día hay que buscar para ver que van a comer”, dijo.

El último informe de la Agencia de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura advierte que en Venezuela el hambre se triplicó entre 2016 y 2018. “Venezuela es el segundo país con mayor proporción de personas subalimentadas en la región. Es decir, un grueso de la población no recibe la cantidad de alimentos suficientes para poder vivir y está desnutrida”, se lee en el documento.

“No ha sido fácil. Sé que Dios proveerá, ya veremos como haremos en diciembre. Mientras tanto, me mantengo en la lucha”, trata de animarse Martínez.

Durante su embarazo, la mujer dejaba de comer para que lo pudieran hacer sus hijos. Sabía que no era lo correcto, pues la criatura por nacer sufriría las consecuencias.  

“Por donde vivo no hay servicios de agua, ni luz. Por eso tenemos que mantener los alimentos en el mejor estado posible. Para conseguir agua vamos a un manantial que está cerca de la zona, o la agarramos de la lluvia. Con eso cocinamos y nos aseamos”, explicó.

Martínez vive con sus cuatros hijos de 10, 7, 4 años y el menor de 9 meses de edad, en el sector Merecure de Caucagua, estado Miranda. Su hijo se enfermó cuando cumplió dos meses de nacido. La falta de agua potable pudo haber sido una de las causas de las infecciones que adquirió el niño.  “Siempre les hiervo el agua a mis muchachos, pero aun así me bebé se enfermó”, aseguró.

La vocera de la Fundación Bengoa advirtió que la malnutrición de los niños y niñas del país tiene mucho que ver con los servicios básicos.

 “Los niños están muy expuestos. Nosotros insistimos en señalar que la falta de servicios es uno de los factores agravantes de desnutrición.  Que no tengamos agua y gas, para poder hervir el agua o preparar apropiadamente los alimentos, causa estragos. Muchos niños están condenados a morir por estas carencias. Eso es lo que vemos en Caracas, pero en el interior es peor”, sostuvo.

Hervir el agua, potabilizarla o filtrarla son algunas de las recomendaciones de la especialista para evitar las infecciones que producen diarrea o anemia. Ambas enfermedades pueden agravar la desnutrición de los pequeños, enfatizó Landaeta.

Necesita una operación

Desde hace un mes Judith Silva esta con su hija de un año de edad en el Hospital José Manuel de los Ríos. La niña pesa 7,400 kg, tiene síndrome de Down y problemas cardíacos. Pese a los esfuerzos que hacen los médicos, la pequeña no sube de peso, lo que agrava más su situación.

Mientras esperaba que le suministraran el suero a su hija, Silva expresa su preocupación por su bebé, pero no deja de nombrar a sus otros cinco hijos, que se tuvieron que quedar solos en su hogar ubicado en el km 21 de la carretera Petare-Santa Lucia.

“Tener seis hijos no es fácil”, dice la madre de 45 años de edad, quien actualmente está desempleada. Las últimas tres semanas las ha vivido dentro del hospital. Los primeros días tuvo que dormir en una de las sillas de la salas de espera.

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Cuenta que su único sustento es el sueldo de su esposo, que trabaja como vigilante en una empresa privada. Los 1.800 bsS no alcanzan para comprar la comida de todos los integrantes de la familia. Sus hijos tienen que completar su alimentación en el colegio.

En su casa comen verduras, sardinas, harina de maíz, pasta, arroz, caraotas y lentejas; es decir, los productos que vienen en las cajas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Sin embargo, lamenta la mujer, la caja CLAP apenas alcanza para dos semanas.

Para comprar todos los productos de la canasta alimentaria, la familia de Judith necesitaría 52.322,32 bolívares soberanos, es decir, casi 30 salarios mínimos, según publicó Cendas-FVM, en su informe mensual.

 “Mi bebé debería pesar más de diez kilos. Capaz no la esté alimentando bien. Sé que también se debe a su cardiopatía congénita. Pero en mi casa tenemos que hacer milagros para que la comida alcance”, agregó Silva.

La pediatra Landaeta recordó que los primeros mil días de vida, incluyendo el período de gestación, son clave para el desarrollo de una persona. Si hay desnutrición desde el vientre el panorama es desalentador.

Silva sigue mirando al interior del pasillo para ver si una enfermera le traerá los antibióticos para su hija. Manifiesta que ella se alimenta con las sobras que deja su niña. Ingresaron al hospital J.M. de los Ríos el 5 de noviembre por una infección diarreica. Hasta ahora, el tratamiento consiste en sueros y antibióticos. Debido a su bajo peso, los especialistas la refirieron al servicio de Nutrición.

“Su problema de peso viene desde el embarazo, porque yo no me alimentaba bien. Durante el control, los doctores me explicaron que tenía que comer mejor. Cuando nació la bebé pesó 2,600 kg, un peso ideal, pero no mejoró. Ahora está en Nutrición, y ya va a cumplir dos años”, dijo la madre. A Silva no solo le preocupa el bajo peso, pues su hija también requiere una intervención quirúrgica, lo antes posible.

Landaeta explicó que con las condiciones nutricionales que tiene la bebé de Silva no la pueden operar; es necesario que suba de peso. “Ese es el problema. La familia no puede cubrir los requerimientos para garantizarle a esa niña  una alimentación adecuada y así mejorar su estado de salud. Es algo muy doloroso que esta pasando en el país”, enfatizó.

“En estos días llegó un cantante, Sixto Rein, y me dijo que me iba a ayudar con unos pañales. De verdad los necesito. Unos voluntarios del hospital me ayudan, pero ellos también atienden a los demás niños”, dice la madre, entre resignación y esperanza.

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