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La escasez de medicinas en el Hospital Clínico. Cinco historias

Aunque la directiva del centro asistencial rechazó un donativo de Médicos sin Fronteras y aseguró que disponen  de todo lo necesario para garantizar la salud y la vida de las personas, los afectados cuentan que deben  comprar todos los  medicamentos

Reporte Proiuris | @Proiuris_VE  | IG: @Proiuris | Facebook: @ProiurisVE

Betania Franquis Prada

El pasillo que conduce hacia el servicio de Hematología y Oncología está en tinieblas y un perro apenas se distingue en la oscuridad. La humedad empaña el piso sucio y ennegrece la cerámica rota. Justo donde un rayo de luz natural ilumina el final del acceso, aguarda Alex Reyes de 54 años de edad. Estuvo mes y medio hospitalizado, soportando el progresivo deterioro del Hospital Universitario de Caracas. 

Aunque está de alta, su pronóstico es complejo. Tiene un mieloma múltiple IGD grado III, una enfermedad maligna que compromete la médula y los huesos y que a su vez es una de las tipologías más raras de mieloma diagnosticadas en el mundo.

Además de eso, lo aqueja una amiloidisis dérmica, es decir una acumulación anormal de proteínas fibrosas amiloides que puede afectar los órganos o la piel.  Su caso está bajo estudio en Colombia, Venezuela y Estados Unidos. Hoy está de paso por el HUC, necesita que le adelanten la cuarta sesión de quimioterapia.

El cóctel de pastillas y ampollas las lleva en un koala, en el que apenas cabe la cantidad de medicamentos. Botemib, zometa, dexametazona, endorsan y ciclofosfamida componen su ciclo de tratamiento.

Todas las medicinas se las ha costeado con el sueldo que percibe a cargo de una compañía donde funge como ingeniero químico. Mientras estuvo hospitalizado pagó por todos los insumos que necesitó, entre ellos el algodón, los yelcos y el alcohol. En el hospital no había nada para atenderlo.

Cada ampolla puede superar el millardo de bolívares

 “La ampolla más económica me cuesta 170 dólares. La talidomida la conseguí en un millardo de bolívares. Otras valen hasta 20 millardos de bolívares. Por fortuna puedo costear mis medicinas pero sufro por quienes no tienen esa posibilidad. He donado mis medicinas porque no soporto ver tanto dolor. La indolencia y el sadismo de este gobierno no tiene límites”.

El testimonio de Reyes desmiente el comunicado emitido por las autoridades del hospital el miércoles 8 de noviembre. En esa oportunidad rechazaron medicinas e insumos donados por la organización humanitaria Médicos sin Fronteras. El lote que llegó el lunes 5 de noviembre incluía yelcos, inyectadoras, catéteres, sueros, contenedores y otros insumos básicos que no están disponibles en el centro asistencial.

Farmacia vacía

La farmacia es una de las dependencias más inútiles del Hospital Universitario de Caracas. Nadie se detiene frente a la taquilla ubicada en el primer piso del centro asistencial. “Los mismos médicos nos  dicen al llegar que allí no hay nada”,  cuenta la familiar de una persona hospitalizada.

La falta de medicamentos es una realidad que algunos tratan de disimular. La única enfermera que permanece vigilando el área asegura no tener información. “No sé si ha llegado algún lote. Es mejor que hable con algún médico, ellos le pueden dar esa información” asegura.

En el servicio de Endocrinología, una veintena de personas hacen cola para retirar su dosis de insulina. Un miliciano les ordena formarse contra la pared. Para la mayoría es la única oportunidad de retirar la hormona que regula cantidad de glucosa en la sangre.

Según el Estudio Venezolano de Salud Cardiometabólica (Evescam) finalizado en el año 2017,  2,5 millones de personas son diabéticas en Venezuela. La Red Defendamos la Epidemiología realizó un análisis que concluyó que para 2017 la disponibilidad de insulina en el país era de 10%.  En el año 2014  se registraron 13.000 muertes asociadas a la diabetes y las complicaciones derivadas de la falta de insulina. 

Mi hijo se contaminó y no tengo más dinero

Xiomara Barrios pasó la noche de pie frente al área de Emergencia. Lleva horas esperando recibir noticias de su hijo Gilmer Atencio de 20 años de edad. El joven nació con meningocele y está en sillas de ruedas. Llegó al centro asistencial el domingo con neumonía y retención de líquidos pero se complicó desde que contrajo una bacteria a causa del alto grado de contaminación  en esa área. Los médicos le recetaron ciprofloxacina, omeprazol, Clinamicina y lebofloxacina. También necesita yelcos, algodón e inyectadoras pero ninguno de esos antibióticos e insumos están disponibles en el hospital.

Animales y filtraciones contaminan los servicios de atención especializada


 

Barrios lleva días caminando en busca de los medicamentos. Con su sueldo sólo pudo comprar una caja de lebofloxacina. “Lo primero que me dijeron los doctores es que todo lo  tenía que comprar yo. El medicamento que le conseguí solo cubrió tres días del tratamiento. Sigue empeorando y ya no sé qué hacer. No tengo más dinero”.

Un tratamiento cuesta más de 8 sueldos mínimos

José Urrieta estaba cerca de su vivienda en los Jardines del Valle cuando recibió el impacto de “una bala perdida” en su pierna izquierda; el proyectil rozó la vena femoral. Su hija Elmary Urrieta, lo llevó al HUC el lunes en la madrugada. Había transcurrido más de 12 horas y desconocía el estado de su padre. No la dejaron permanecer en la sala de Emergencia e intentaron desalojarla del área de espera.

 “Solo le inyectaron un calmante. Ningún cirujano lo ha visto y aún tiene la bala alojada. Le mandaron 10 ampollas de cefttiaxona y cada una cuesta 1.500 soberanos. No tenemos los recursos. Además de eso nos tratan como delincuentes”, aseguró la joven.

Hemos gastado dos millones de bolívares en medicamentos

Marcos Soto tenía ocho días protegiéndose de la contaminación a las puertas de la sala de Emergencia, donde ingresó  su suegro con un derrame esofágico. El hombre, de 86 años de edad, también padece de un cáncer en las cuerdas vocales. Aunque el diagnóstico es difícil de sobrellevar, la familia se ha unido para comprar lo necesario. Soto calcula que en total han gastado 2 millones de bolívares en medicinas e insumos básicos.

El servicio de Emergencia está contaminado debido al cúmulo de personas con enfermedades infecto contagiosas

Soto es periodista y se desempeña como profesor de la Universidad Central de Venezuela en la cátedra de fotoperiodismo. Mantiene comunicación con algunos especialistas del HUC y conoce a fondo la situación del recinto. “He conversado con trabajadores y me han informado que la escasez de insumos ronda el 87%. La directiva ha ha demostrado su despotismo al negar esta situación. Los médicos hacen todo lo posible pero hay poco que hacer cuando se carece de los recursos”.

“En este hospital lo único que hay es enfermedad y muerte”

Emigdio Navas, apenas se quita el tapabocas para hablar. Teme contraer una infección. Un olor a descomposición se cuela desde la sala de Emergencias mientras un miliciano abre la puerta. Navas hace una mueca y vuelve a colocarse el tapabocas. “La contaminación adentro es terrible. Todos sin importar la patología están en un mismo espacio. Hay personas con gangrena supurando pus y el olor no se soporta. No hay ni cloro para desinfectar esa sala”, dice.

La esposa de Navas, Eliannys Medina está internada desde hace ocho días con una hepatitis. Desde que llegó está sentada en un sillón, no hay camas disponibles. Necesita 28 inyecciones de ceftriaxona por 14 días. Cada ampolla cuesta 892 bolívares.  El antibiótico de amplio espectro es otro de los fármacos que no está disponible en el centro asistencial. “Todo el tratamiento me sale en 24.900 bolívares y no sé de dónde voy a sacar ese dinero. Hasta el suero fisiológico lo he tenido que comprar. En este hospital lo único que hay es enfermedad y muerte”.

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