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El Helicoide, centro de reclusión y detenciones arbitrarias

Desde 2014 jóvenes, políticos y disidentes del gobierno han estado detenidos entre sus paredes. Denuncian tratos crueles, denigrantes y torturas. Usado como centro de reclusión, la historia del edificio está incrustada dentro de los recuerdos de los que han pasado por allí
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Erick S. González Caldea

Se comenzó a hacer en 1952 durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, con la intención de que fuera un moderno comercial. Al ser derrocado Pérez Jiménez, los gobiernos democráticos no continuaron su desarrollo y el Helicoide se convirtió en una construcción abandonada. En 1984 pasó a ser la instalación de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip). Desde el año 2010 funge como una de las sedes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), nombre que para muchos es sinónimo de detenciones arbitrarias y torturas.

Desde 2014, los detenidos por participar en protestas y manifestaciones anti gubernamentales fueron llevados al Helicoide. A principios de 2018, había, en esa sede, 340 personas privadas de libertad, la mayoría de ellos disidentes del gobierno, presos políticos y algunos presos comunes. Actualmente hay 120 detenidos.

Los calabozos que deberían ser usados para mantener, perentoriamente, a los privados de libertad, se convirtieron en centros de reclusión, incluso, por órdenes de los tribunales penales.

Para Joel García, abogado penalista, los calabozos del Helicoide son usados como lugares de reclusión para “reguardar presos políticos” y  mantener el control  de la custodia de los disidentes del gobierno.

“Los tribunales no lo usan como centro de reclusión para otros privados de libertad, por delitos comunes; el Helicoide funge como una prisión para los presos políticos y otros disidentes”, sostuvo García.

Explicó que es común que los tribunales de control usen como prisión preventiva la sede policial en donde estuvo retenido el imputado o acusado al momento de su detención para evitar el hacinamiento en las cárceles del país. “En el caso del Sebin, es normal que dejen a los presos políticos allí para evitar el contacto con otros privados de libertad comunes”, señaló.

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En el artículo 241 del Código Procesal Penal venezolano estipula que es el juez que lleva la causa quien decide cuál será el centro de reclusión del imputado durante el proceso penal de investigación, y en cuando sea el caso, durante la fase de juicio.

“Los jueces, para de alguna manera favorecer a los imputados, deciden que su centro de reclusión, durante el proceso de investigación, sean los calabozos de los organismos policiales que los detuvieron. Una forma  de evitar al hacinamiento. Desde la creación del Ministerio de Asuntos Penitenciarios, ya casi se ha vuelto una orden de que los organismos policiales se queden con sus detenidos. Desde  el gobierno de Chávez, se decidió que el Sebin se volviera un centro de reclusión de máxima seguridad en casos políticos”, sostuvo Jaqueline Sandoval, abogada penalista. 

Sandoval enfatizó que el problema no es que las celdas del Sebin las usen como prisión preventiva, sino que el organismo policial de investigación política, desde 2014, “pasó a ser un centro sin ley, ni control; pasó a estar encima de los demás entes y poderes públicos”.

El Servicio Bolivariano de Inteligencia nació para servir como un órgano asesor del Ejecutivo en materia de seguridad de Estado. En el Informe Sobre la situación de los derechos humanos de los privados de libertad en las sede del Sebin El Helicoide y Plaza Venezuela, se señala que el organismo policial también existe para contribuir “con los órganos de seguridad ciudadana en el enfrentamiento de las modalidades de crimen organizado de mayor significación y realizar actividades como órgano auxiliar de investigación en materias de su competencia”.

Los familiares de los presos en el Helicoide solo les permiten tres visitas a la semana | Foto: Mikel Ferreira

Sandoval explicó que, desde 2014, cuando comenzaron las protestas antigubernamentales, acceder a las instalaciones del Sebin pasó de ser difícil a casi imposible. “En 2014, el Sebin superó su ilegalidad,  pues su director (Gustavo Enrique González López), es quien decide quién entra y quién sale. Las decisiones de los jueces no se respetan ni se ejecutan”, señaló.

Otras denuncias tienen que ver con que las boletas de excarcelación, emitidas por los Tribunales, no son recibidas, así como que las diligencias encomendadas por un juez de control no son autorizadas.

Entre este tipo de casos está el de los cuatro adolescentes que estuvieron seis meses detenidos en el Helicoide, a pesar de tener boletas de excarcelación emitidas, en tres oportunidades distintas, por el Tribunal 1° de control de la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (Lopnna). Las autoridades del Sebin solo excarcelaron a los menores de edad, luego de que la Comisión para la Verdad, un órgano adscrito a la ANC, lo pidió.

Otro caso similar fue el de los 14 polichacaos, detenidos por presuntamente participar en la muerte del periodista Ricardo Durán. Todos tenían boleta de excarcelación, emitida el 8 de agosto de 2016 el Tribunal 7° de Control del Área Metropolitana de Caracas (AMC). No obstante, fue el 24 de diciembre de 2017 que liberaron a 12 de los 14 detenidos. Fred Navares y Reggie Andrade, siguen privados de su libertad.

Yon Goycoechea también estuvo un año detenido después que un tribunal emitiera una orden de excarcelación a su favor.

La vida dentro del Sebin

Muchos de los detenidos han pasado años en el Helicoide. Vivir en ese espacio es una experiencia que, quienes la han vivido, no quieren repetir.

La primera noche en un calabozo del Sebin, para una joven de 20 años que fue detenida por protestar en 2014, fue fría. “Estaba mojada. No tenía ropa apropiada para pasar la noche en un lugar donde no había ventanas y el aire acondicionado estaba en su punto máximo. Esa noche del 11 de mayo, compartí la celda con 6 mujeres más. Fue una noche larga”, relató la mujer, quien pidió mantener su nombre en reserva.

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A diferencia de las celdas en donde estaban los privados de libertad masculinos, en el lugar de encierro de las mujeres, las condiciones de las habitaciones eran menos insalubres, pues, hasta 2014, era una de las habitaciones en donde las oficiales femeninas del Sebin dormían.

“En el caso de los varones la historia era diferente. No tenía baños. Para ir a hacer sus necesidades tenían que solicitar permiso a un funcionario, pero estos, a veces, ignoraban la solicitud. Así que muchos usaban botellones para orinar y luego, cuando tenían la oportunidad, lo desechaban en los baños. El olor lo hacía insoportable”, detalló.

Las paredes dentro del Sebin – describe- son blancas, pero el hacinamiento y sus consecuencias, falta de aseo y salubridad, ennegrecen los muros y pisos.

La medida en general de las celdas es de 7,2 metros cuadrados. Mientras que los espacios de aislamiento miden 2×2 metros cuadrados.

“No había agua la mayoría del tiempo. A veces nos dejaban las luces encendidas por días, casi siempre como una forma de castigo por algo que dijimos y fue envidado al exterior. La peor parte son los interrogatorios”, recuerda, luego de tres años de haber salido del Helicoide.

Para otro de los detenidos, en los 1.420 días que estuvo en una de las 23 celdas del Helicoide, fue víctima de torturas físicas y psicológicas. “Fui golpeado, pateado, colgado. Vi a mis amigos ser torturados. Mis noches eran incómodas, estresantes y largas. Sufrí muchas torturas pero, la peor era saber que mi familia estaba en la puerta del Helicoide, y no la podía ver. Era una humillación”.

Pide reservar su identidad. Cuatro años detenido en una celda de 7,2 metros que compartía con otros presos políticos, en oportunidades con 39 más, es una experiencia que no quiere volver a revivir. Pero, desde la libertad y el temor, cuenta la experiencia de estar dentro del Sebin, una de las instancias de la policía política que se ha convertido en centro de reclusión.

Paredes sucias, olores nauseabundos, falta de agua, luz, ventanas y camas limpias.

“El olor… pues era a hacinamiento”, con esa frase explicó que no solo había carencias para el aseo íntimo, sino que también cada uno de los presos vivían encima uno de otros como en un corral de ganado.

Para acceder al agua potable, los privados de libertad tenían que comprarla, con un sistema de compra-venta de galones de agua, que se distribuye en el edificio. “Para bañarse o limpiarse teníamos que llenar unos botes y tratar de ahorrarlo”, dijo.

Según el informe de Una Ventana a la Libertad, en total son 23 espacios para detenidos. “El lugar de reclusión más grande tiene 72 metros cuadrados y es conocida como Guantánamo puesto que alberga una mezcla de delincuentes de alta peligrosidad con presos de conciencia”, se lee en el documento.

La necesidad humana de ir al baño se dificulta dentro de los calabozos del Helicoide, donde hay un baño para los detenidos, y solo se puede ir con previa autorización. En el informe publicado por la Una Ventana a la Libertad, Carlos Melo, ex preso político, detalló que: “Pero la cosa no queda ahí: si no te queda otro remedio que ir al baño, hay un cuartico de 1 x 1,20 mts donde construyes un barquito con periódico, haces tus necesidades pesadas en él, lo metes en una bolsa pequeña, la trancas y luego la metes en otra bolsa que está en la puerta del calabozo, adentro, toda la noche. En las mañanas, alguien del grupo tenía que sacar las bolsas con los barcos y limpiar”.

Torturas y otros tratos crueles

En el informe de Una ventana a la libertad, publicado en 2017, detalla que el Helicoide es un centro en donde los funcionarios policiales practican la tortura con total impunidad.

“En las celdas del Sebin Helicoide los detenidos corren permanentemente el riesgo de ser objeto de tratos vejatorios o crueles, y en ocasiones torturas. En la primera categoría figura por ejemplo la amenaza de represalias si el detenido emite algún mensaje al exterior en torno a las condiciones de su reclusión”, se indica en el texto.

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Ex presos políticos, cuyos nombres serán reservados para esta publicación, sostuvieron que los tratos crueles e inhumanos existen y son sistemáticos dentro de las celdas del Helicoide.

Una de las consecuencias más graves de las torturas son las secuelas físicas y psicológicas que padecen las víctimas luego de ser sometidas a los tratos crueles e inhumanos por parte de los funcionarios.

El general Ángel Vivas, uno de los excarcelados el 1 de junio por la ANC, asegura que las dolencias físicas que padece hoy día son consecuencia de las torturas que recibió. Sus familiares informaron el 25 de octubre  que por quinta vez se someterá a una operación para subsanar los daños en su columna vertebral.

Anteriormente se había sometido a una operación  de la próstata y hernias causadas durante el encierro en el calabozo de la policía política. “El General Vivas se encuentra en su casa recuperándose”, así lo informó la familia a través de su cuenta en Twitter.

El artículo 7 de la Convención contra la Tortura de las Naciones Unidas, establece que los Estados deben: “Asegurar que el o los presuntos culpables sean sometidos a un procedimiento penal si una investigación demuestra que parece haberse cometido un acto de tortura. Si se considera que una denuncia de trato o pena cruel, inhumano o degradante está bien fundada, el o los presuntos autores ser sometidos a los procedimientos penales, disciplinarios o de otro tipo que correspondan”.

Para los expertos en materia penal y ex presos políticos, la justicia en Venezuela no es tan ciega ni independiente. Los que estuvieron dentro de los calabozos del Helicoide tienen un pensamiento recurrente: no volver a pisar ese lugar.

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